Tras la publicación de mi novela Equis quería correr –mi primera novela, que no mi primer libro– y una vez liberado algún tiempo para todo ese tejemaneje de la necesaria mínima promoción, que en mi caso solo ha sido a través de RRSS e Internet, retomé Donde los hombre íntegros, que en realidad es la primera novela que comencé hace años. Había escrito alrededor de las 70 000 palabras y luego la abandoné y me dediqué a escribir y publicar otros libros; la abandoné por ambición, ya que era mucho lo que quería contar y, tal vez, no sabía bien cómo hacerlo.

Sin embargo, compruebo ahora con asombro que en la primera reescritura de la misma he encontrado un argumento y un texto bastante compacto, que apenas he tenido que remover. Y tras esa primera reescritura que me ha llevado un par de meses ya trabajo a diario o casi en la continuación. Desde entonces, he añadido alrededor de 10 000 palabras, tal vez algunos cientos más, siguiendo su curso con nuevo contenido. Seguramente, eso hará que esta novela sea larga, mucho más que Equis quería correr, sin que me atreva aún a vaticinar nada en cuanto el plazo de terminación, publicación, ni apenas una breve sinopsis que contar.

No obstante, si puedo esbozar la introducción sobre la misma de manera somera.

Se trata de una novela de ficción que se desarrolla en Granada, pero que viaja también a otros lugares de la geografía nacional. En total, serán alrededor de diez las ciudades y lugares que aparecen en esta novela. La idea principal gira en torno a la existencia de una fundación secreta que opera de manera consuetudinaria y que tiene sus raíces en los albores de la Revolución francesa, pero que nadie piense que se trata de una novela histórica. A través de su protagonista Isaac y otros dos secundarios pero muy importantes, D. Esteban y Rodolfo, todos ellos abogados, la novela nos adentrará en la lacra de la corrupción. Sin embargo, no se trata de la corrupción política, tal y como ya conocemos (en España podríamos escribir tratados sobre ella)  sino en un tipo de corrupción que interesa a esta fundación que no posee un contenido económico ni político sino objetivos muchos más prosaicos. A través de tres o cuatro casos, Isaac, el protagonista principal, irá penetrando en las razones que mueven a esas personas, a las que se le encarga investigar, a corromperse, casi siempre por fines nobles.

Se trata de una novela en la que priman los diálogos, pero que no olvida la narración, casi siempre en primera persona, pero también en tercera. No soy amigo de los giros porque sí en las novelas, pero si observo que hay alguno interesante y lo puedo pescar lo hago, por tanto, esta novela también contará con diversos giros y, espero, un final sorprendente.

Poco más que añadir. Tan solo que es una novela que va camino de las 82 000 palabras y es posible que crezca, pero también que decrezca. Espero tener la fuerza y la motivación necesaria para acabarla. Por lo pronto, me divierto escribiéndola, que es de lo que se trata, sin olvidar por un momento a los lectores que espero puedan leerla en un plazo no demasiado largo.