Islote de Sancti Petri

 

 

Hay dos símbolos históricos en la provincia de Cádiz que para el viajero son fascinantes: el Castillo de Sancti Petri y el Cabo de Trafalgar. Y cada uno de ellos por diferentes razones históricas.

El islote donde está el Castillo de Sancti Petri, entre Chiclana y S. Fernando es fascinante por su enclave legendario. Fue allí donde la tradición ha situado desde siempre el Templo de Merkat, un santuario fenicio consagrado al dios Hércules, cuyos restos, afirma esa tradición histórica, se encuentran allí enterrados. Citado por el geógrafo e historiador griego Estrabón la pista histórica se pierde en la noche de los tiempos, pero allí se encuentra el islote aún, impertérrito y misterioso en un saliente de la costa gaditana, no lejos de la milenaria Cádiz. El viajero lo buscó en viajes anteriores, pero no tuvo la fortuna de localizarlo y, con toda probabilidad—no lo recuerda bien—, se le haría demasiado tarde para seguir intentándolo, pero hace pocos días, en otro reciente viaje a tierras gaditanas, y aprovechando la ausencia de turismo y tráfico bestial de aquellas urbanizaciones playeras de la costa chiclanera pudo contemplarlo a cierta lejanía y en todo su esplendor. Y, realmente, tal vez por motivos históricos o misteriosos, la presencia del islote, perdido en aquella costa, anhelante de luz, le pareció mágica. Una magia de la que se empaparon personajes míticos como el cartaginés Aníbal o el romano Julio César y que el viajero cree aún conserva a pesar de estar rodeado de hoteles y urbanizaciones. No en vano, su ubicación obedece a lo que los fenicios consideraron como lugar sagrado.

El otro símbolo es mucho más reciente, pero de una enorme trascendencia histórica para España: el Cabo de Trafalgar, en cuyas aguas el veintiuno de octubre de 1805 la elitista armada española, que formaba equipo o coalición con la francesa, sucumbió de manera estrepitosa ante la emergente armada inglesa. España pareció silenciar aquella vergonzosa derrota en la misma proporción que la magnificó Inglaterra. En España apenas cuatro calles y una mínima placa en el mismo faro del Cabo Trafalgar recuerdan el suceso; sin embargo, Inglaterra le dedicó su mejor y más céntrica plaza de su capital, Londres, Trafalgar Square, cuya estatua de su héroe, Nelson, muerto en esta batalla, se señorea junto al edifico de la National Gallery. Pensó en ello el viajero, intentando hacerlo con mente británica cuando visitó esta plaza en Londres; y lo hizo con mente española cuando, en soledad, subía las decrépitas escaleras del faro para ofrecer su particular y solitario homenaje, mientras cientos de bañistas se abrasaban al sol junto a los Caños de Meca. Y ahora recuerda todo esto, precisamente cuando comienza a leer la ilustrativa novela de Arturo Pérez Reverte sobre Trafalgar (autor que ha hecho mucho por el recuerdo de esta batalla), tras haber leído meses atrás la costumbrista novela mítica e insustituible del escritor canario Benito Pérez Galdós.

Curiosamente, en la propia Andalucía, poco se recuerda de estos dos enclaves, aunque sí son sobradamente visitados por miles de bañistas que ajenos a nuestra historia se dirigen a las playas de Chiclana y Caños de Meca para ofrecer otro tipo de culto y homenaje, consistentes en entregar sus cuerpos al espectacular sol de estas míticas costas del sur de España.