Tu hijo

La película Tú hijo pertenece a esa nueva generación de películas españolas de cine negro o de temática similar, que se suelen caracterizar por contar con importantes giros. Además, se trata de películas grabadas a pie de calle, sin artificios, provocando en el espectador una permanente vinculación con lo que está viendo. En ocasiones, se cita el nombre de la ciudad española donde se desarrollan los hechos; en otras, no es necesario porque sus elementos, calles, monumentos, edificios, iconos, en definitiva, son perfectamente identificables. Otro aspecto relevante es el hecho de que los protagonistas son personas normales, o al menos, personas que uno puede encontrarse en la calle cada día. Sin embargo, lo que no es tan fácil encontrar, o no es visible, es la trama que comienza con un desarrollo bien trazado para acabar en algo desastroso o dramático.
Esto que estoy describiendo bien podría relacionarse sin contemplaciones con la película que comento. Una película irregular que a pesar de no dejar demasiados cabos sueltos si está carente de tempo de trama. Es de las pocas veces que cuando acaba la película pienso inmediatamente que le hubiera venido de perlas media hora más, sobre todo, para conocer con más profundidad cosas importantes que se desarrollan a medias a lo largo del film.
Sin embargo, eso no significa que sea una película mediocre, nada de eso. Considero que es una película brillante, que lo hubiera sido un poco más si se añade esa media hora. Más que nada, porque hay elementos que hubieran necesitado una terminación más acorde a los hechos.
No obstante, lo que cuenta lo cuenta bien. Con el trasfondo de la ciudad de Sevilla, el espectador se encontrará con diversos mundos contenidos en uno solo. La familia normal que se derrumba cuando el hijo es agredido en la puerta de una discoteca y queda en estado vegetativo y que a raíz de ahí se replantea todo el argumento. Un padre coraje, dispuesto a hacer todo para esclarecer los hechos, pero los hechos una vez esclarecidos podrán ser muy distintos a como se imaginaron inicialmente. Al final, ese padre deberá de elegir entre esclarecer los hechos en sí o posicionarse moralmente y éticamente. No será nada fácil, desde luego, pongámonos en su piel.
Muy aconsejable.