A los escritores. Perdón, el término es muy pretencioso…A los que escribimos -mejor- nos llega un momento en el que, una vez acabada la obra nos gustaría verla publicada. Es posible que, en el origen, no sea el fin, pero una vez acabada la novela o el proyecto literario que tenemos entre manos, se instala en nuestro cerebro la idea de publicar. Nos hemos dedicado horas, días, meses y, en ocasiones, años, y nos gustaría que alguien pudiera leer lo que hemos escrito con tanto trabajo y dedicación. Es ahí cuando, realmente, comienza la verdadera odisea, no en la soledad del escritorio.

Cuando, por fin, acabé la novela Equis quería correr tras un año de duro trabajo, sin contar toda esa génesis de la historia que comenzó hace muchos años en mi blog, cuando la acabé, decía, me puse enseguida a la obra para verla publicada. Era consciente que sin ser conocido ni contar con un agente literario que se rompiera los cuernos por ti, no sería posible llegar a grandes sellos, así que opté por centrarme en los medios o pequeños, eso sí, buscando los que contaran con un catálogo donde encajara la temática de la novela. No fue fácil tampoco, sobre todo porque la mayoría anunciaban que tardarían entre seis meses y un año en dar una respuesta, si es que la daban. Por tanto, también me alejé de estos sellos. No es que estuviera impaciente por publicar la obra, sino porque no me apetecía esperar tanto, así de fácil. Así que opté por otra categoría de editoriales, que se anuncian tradicionales, pero que en realidad son de coedición o edición encubierta. Encontré varias y a esas varias envíe el manuscrito, o bien, una muestra. La valoración era positiva (en algún caso se apreciaba que lo habían leído). Sin embargo, alguna solicitaba apoyo financiero porque apostar por un escritor no conocido suponía un riesgo financiero, o bien, te exigían el compromiso de vender determinado número de ejemplares en la presentación. ¿Y si no deseo hacer presentación? Pues nada, adquieres los ejemplares y ya está, a un precio desorbitado, en algún caso.

Así que también decidí dejar atrás este grupo de editoriales. De esa manera me centré en las de autoedición pura y dura, cuyos nombres no diré porque están en mente de todo el que intenta autopublicarse. Cuentan con cláusulas claras y concretas. Pagas, te publican; no pagas, no te publican. Así de fácil. Además, algunas no hacen filtro de tu obra aunque te aseguren que sí. No es mala opción, pensé, pero casi siempre tienes que acarrear con un mínimo de cincuenta ejemplares, que pueden ir de aúpa si haces una o varias presentaciones, pero yo no quería hacer presentación (yo creo que no hay que hacer más de dos o tres mientras no seas más conocido y yo ya las he hecho). Además de esos cincuenta ejemplares, como mínimo, colocan el título de tu libro en papel y digital en varias plataformas para quien lo quiera lo solicite bajo el método de POD, es decir que se imprime el ejemplar que pida el lector. No es nada negativo, todo lo contrario, de hecho, lo están utilizando cada vez más editoriales, incluso para publicación de autores reconocidos o consagrados. De esa forma se acaba con la barbaridad de editar ejemplares sin control, que acaban en un almacén polvoriento a la espera de ser triturados (incluidos los de esos autores reconocidos o consagrados). Comprobé que todas esas editoriales (que en realidad son empresas de servicios editoriales más imprenta) aludían sobre todo a Amazon como plataforma fundamental para vender tus libros, así que me dije: pues si es así, vete tú directamente a Amazon, como ya he hecho con los otros cuatro eBooks que tengo publicados ahí.

Sin embargo, no iba a editarlo de cualquiera manera, si bien jamás he editado los anteriores de cualquier manera, en eso hay que ser muy consecuente y solvente. En esta ocasión, más que nunca, se tendría que tratar de una edición profesional, desde la corrección hasta el último detalle, pasando por la portada y la maquetación para papel y eBook. Y así ha sido. Para tal fin, he contratado los servicios de varios profesionales y el resultado final será, por tanto, profesional.

Ahondando en el el asunto de la presentación. Varios lectores amigos me han animado a que lo presente, que mis presentaciones suelen ser amenas y didácticas en cuanto a la idea del libro, su argumento y su elaboración, me comentan. He tenido en cuenta sus opiniones, por supuesto, sin embargo, la idea de presentar mi primera novela no me parece en estos momentos demasiado aconsejable. No al menos en mi caso. Considero que es una formula ya bastante trasnochada y es válida para quien presente el primer libro (más que válida, obligatoria), por aquello de la novedad; ahora bien, quienes ya llevamos más de un libro a nuestras espaldas debemos optar a que el libro pueda abrirse camino sin la necesidad de “comprometer” a que lo lean los amigos lectores que te siguen. Hay que darles un respiro. Y que el libro bucee en la inmensidad de los libros publicados por sus propios medios. Podría naufragar, pero ese es el riesgo de escribir y, sobre todo, de publicar.