No puedo aquí dar consejo alguno de cómo escribir una novela, toda vez que tan solo he acabado una y, ni tan siquiera, está publicada. Tampoco lo daría si tuviera una experiencia dilatada. Creo firmemente que el proceso de creación de una novela es un acto muy personal, si bien no reniego de determinadas técnicas.

Por tanto, solo hablaré someramente del proceso de creación de mi única novela -hasta ahora- no publicada, pero sí acabada.

Mi novela, Equis quería correr, en realidad nació antes de que tuviera consciencia de que quería escribirla. Surgió como algo parecido a relatos cortos o vocación de novela futura por entregas. En pocas palabras: surgió de uno de los primeros blogs que administré.

Se trataba de una historia de un tipo normal y vulgar que, no teniendo ningún tipo de los requisitos exigidos para correr de manera habitual, un buen día, contra todo pronóstico, y ante la sorpresa de propios y extraños, decide correr. Ese era el hilo argumental. La historia se complica porque su esposa, una maruja de pueblo, que ejercía como tal, se niega en redondo. Admite sus borracheras pero no su actividad deportiva. Pasan cosas. Hay diálogos. Se desarrolla la historia por entregas hasta unas cuatro mil palabras. Y poco más. Aquello gustó a los muchos seguidores de aquel blog.

Así que un buen día, “tiré” de material del blog, algo que ya hice con algunos de mis libros anteriores, y retomé el proyecto. Consideraba hacer una novela bastante corta, sin apartarme del hilo argumental. No más de unas 28 000 palabras, me dije. Pero la cosa se complico. No tuve en cuenta que el José Antonio que escribió aquello era muy distinto al José Antonio de ahora, que ya tenía algún libro en la calle y veía la literatura de otra forma. Y ahí comenzó el verdadero proceso creativo y también el sufrimiento.

Enseguida advertí que con ese material que tenía escrito en un desaparecido blog podía hacer muy poco. Era evidente que no podía hacer una novela. Así que comencé eliminar material inservible, algo parecido a lo que hace un albañil cuando quiere reconstruir algo que apenas sirve, y me quedé con una base muy efímera. Tan solo puede rescatar a Equis, a Luis y apenas a Conchi, que era la mujer de Equis en la historia. Poco más. Con mucho esfuerzo construí el comienzo de la novela de manera similar a como comenzaba aquella historia. Y lo hice porque me gustaba. Sin embargo, todo el material adyacente fue prácticamente desechado.

Escribí un primer borrador de unas veintitantas mil palabras y comencé a advertir incongruencias. Aquella historia no tenía un hilo argumental ni una estructura. Ahí comenzaron mis primeros problemas. Así que un buen día se me ocurrió que todo podría solucionarse si daba un giro estructural a la novela. Sin embargo, eso me metió en aún mayores problemas. No obstante, no cejé en el empeño de dar una estructura sólida y acabé consiguiéndolo de la manera más inesperada: atisbando el final. Eso hizo que pudiera reescribir toda la novela y conseguir -creo- una estructura sólida, tal y como han destacado tanto mis lectores cero como el corrector profesional. La historia fue encajando hasta que se alargó hasta las 53 000 y pico palabras. Que creciera más me pareció contraproducente porque siempre he pensado que cada historia exige su tamaño. Ésta exigía este tamaño y en ese tamaño se quedó.

Todo lo que vino después fue un proceso correoso y complicado con múltiples correcciones y alguna reescritura. Eso no garantiza que vaya a ser publicada por una editorial tradicional, aunque sí que surja un producto bastante aceptable si, al final, opto por la opción de publicación independiente.

PORTADA PROVISIONAL DE EQUIS QUERÍA CORRER