Lo diré desde el principio: ‘La librería’ no es una obra maestra, pero sí es una excelente película. Y lo es por varios motivos, siendo el principal, la temática. Hacer una película sobre libros es un riesgo, como lo es que no exista violencia física, sexo o efectos especiales. Definitivamente, todas estas ausencias y el trasfondo de los libros la convierten en una película preciosa, concebida para minorías.
Pero Isabel Coixet sabe dirigir bien este tipo de películas, que se ha encargado también del guión. Basada en una novela de la novelista británica Penélope Fitzgerald, ya fallecida, ‘La librería’ nos muestra qué suele ocurrir cuando se produce una dicotomía en un pueblo pequeño, en este caso, relativa a libros sí, libros no; librería sí, librería no. La pasión por los libros se ve reflejada en una minoría, como suele ocurrir en la vida real, mientras que el resto busca otro tipo de cosas: poder, riqueza, especulación…, si bien todo tamizado con buenas formas y modales educados, sin que eso excluya el más que perceptible violencia y enfrentamiento entre las dos facciones: los que aman los libros (solo unos pocos) y los que no. Como antes decía, no violencia física, sino una más encubierta e invisible que se sirve de la manipulación, el poder, el engaño, la traición, los sentimientos o el dinero. Por eso son entrañables los personajes que apuestan por los libros, por la literatura sin más, mientras que los que lo hacen por cosas menos prosaicas resultan odiosos y olvidables.
Como anécdota personal, la película me sirvió no solo para reforzar mi pasión por los libros y las librerías, cada vez más extrañas, sino también para descubrir a un autor Ray Bradbury, cuyos libros eran enviados por la librera al, quizá, único lector de la isla, un personaje solitario, tal vez, algo misógino, selectivo, exquisito y lector. Además, la película cuenta con una hermosa fotografía exterior una banda sonora mesurada y adecuada, en mi opinión. Muy aconsejable para todos aquellos que, como el que esto firma, adore los libros.