Si hablamos de cine finlandés, es probable que muchos no tengamos nada qué decir, pero distinto es hablar del cine finlandés de Kaurismäki, el gran director finés famoso por esa visión tan especial para hacer cine. 
Estaba a punto de ver ‘El otro lado de la esperanza’, su última película cuando un compañero de trabajo (sí, uno también tiene compañeros cinéfilos) me aconsejó ésta (es más, me la prestó), una película en VOSE y grabada en blanco y negro por expreso deseo del director. No soy demasiado dado a ver películas en VOSE y quien me la aconsejó tampoco, pero ésta era especial. Es más, no sería la misma película ni tendría la misma calidad e impronta si fuera traducida o en color. El resultado final es delicioso no solo porque nos transporta a la bohemia parisina y, por tanto, los protagonistas son artistas que se apartan de las normas convencionales, que es la esencia de la bohemia, sino porque se trata de personajes muy definidos por el director, que no en vano también se encarga del guión (en este caso, el guión sobre la novela de Henri Murger). Tres personajes que asumen las artes más dadas a la bohemia en todas las épocas y en todos los lugares, pero mucho más en París: un músico, un pintor y un escritor. 
Lo que les ocurre cada día y cómo puede llegar a acabar éste encierra, por sí, todo lo bueno que tiene esta película, que también es un canto a la libertad y a la amistad entre personas de rasgos comunes, que ajenos a la pobreza se retroalimentan con su arte y su miseria, que viven, sufren y aman, pero sobre todo sobreviven en el tipo de vida que deciden vivir o,  tal vez, no tengan más remedio que vivir. Es por eso tan importante que un director minoritario, encuadrado dentro de los que hacen cine de autor, ajeno a circuitos comerciales, pueda hacer este tipo de cine tan irrepetible. Lo provebial de Aki Kaurismäki es que cada una de las películas que rueda se encamina a obra maestra, algo que muy pocos directores son capaces de conseguir.